Foto: Pixabay

Una sencilla prueba, desarrollada por un equipo de científicos del departamento de Química Analítica de la Universidad de Granada (UGR), permite averiguar si la leche materna contiene algún tipo de contaminante sintético.

Estos análisis ya se han puesto en práctica de forma experimental en diez mujeres que amamantaban a sus hijos y que participaron en el programa de foma voluntaria. Los resultados, publicados en el Journal of Chomatography B, confirmaron el rastro de productos químicos.

La presencia de sustancias como los parabenos, el bisfenol A, el metil, el etil, el propil y el butilparabeno, podría deberse a la utilización diaria y masiva por parte de las madres, de productos de cuidado personal, según han señalado los expertos.

Para ello los autores de esta investigación analizaron las muestras de leche de estas madres, detectando cantidades de hasta 0.1 y 0.7 nanogramos de contaminante en cada mililitro de leche.

Y aunque resaltan que desde el punto de vista estadístico son pocas las pruebas realizadas, lo preocupante es que en casi todas las observaciones se detectó la presencia de una o varias de estas sustancias peligrosas.

Rocío Rodríguez y Alberto Zafra, los principales responsables de este estudio, esperan que el hallazgo pueda ser el inicio de estudios más amplios que aborden esta cuestión y los efectos adversos que ello podría tener para la salud de los bebés.

¿Qué son las sustancias químicas sintéticas?

Las sustancias químicas sintéticas son conocidas en términos científicos como disruptores endocrinos químicos (EDCs), puesto que interfieren en el correcto funcionamiento hormonal. En los últimos años los humanos hemos estado mucho más expuestos a ellas, debido al desarrollo industrial.

Zafra indica que estos EDCs se encuentran de manera frecuente en nuestras vidas cotidianas y están presentes no solo en productos de cuidado personal, sino también en algunos alimentos que consumimos, en el aire y hasta en el agua.

El bisfenol A (BPA), por ejemplo, se utiliza para la fabricación de plásticos y resinas epoxi, por lo que está en las latas de conserva y en envases, biberones e incluso en prótesis dentales. Algo similar ocurre con los parabenos (PBs), que adquimos por la vía dérmica de contacto, por ingestión o inhalación.

Estos compuestos, con una potencial naturaleza carcinógena y tóxica, son empleados habitualmente como bactericidas y conservantes antimicrobianos, para evitar el moho y las levaduras en productos cosméticos y farmacéuticos, así como en bebidas y alimentos.

La importancia de tener en cuenta su presencia

Zafra considera que la leche materna es un “fluido biológico valioso” y que, además, puede servirnos de indicador para saber cuál ha sido la exposición de la madre a este tipo de contaminantes.

Los expertos señalan que es importante centrar la atención en esta cuestión, pues los recién nacidos pueden ser más vulnerables a estas sustancias al encontrarse en las primeras etapas de su desarrollo, lo que puede provocarles cambios en el sistema endocrino.

Además pueden tener relación con la aparición de enfermedades como el cáncer, desórdenes en el sistema reproductivo, en el metabolismo y en el sistema inmunológico, a medio o largo plazo, tanto para la progenitora como para su hijo.

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