Tiene fama de ser una costumbre muy mediterránea pero más allá de ser solo eso, cada vez son más los estudios que destacan los múltiples beneficios para la salud que las siestas nos aportan. Estos son, concretamente, los diez más importantes a tener en cuenta:

1. Después de comer, nuestras neuronas se “relajan”, lo que explica porqué nos invade ese sopor que contrasta con la actividad y energía que tenemos durante la mañana. Una investigación publicada en Neuron, descubrió que esto se debe al aumento del azúcar en sangre después de ingerir comida y que hace que las neuronas que producen orexina envíen las señales que nos mantienen despiertos.

2. Ayuda a reparar nuestro sistema inmune. Si dorminos poco o mal durante la noche, una cabezada de 30 minutos revierte el impacto hormonal negativo que esto produce y que deja huella en nuestro sistema inmune y endocrino debilitando nuestras defensas. Esta afirmación está sustentada por un estudio publicado en el Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism y que demostró que tras ese breve descanso, los marcadores inmunológicos vuelven a la normalidad.

3. Se reduce la presión arterial. Al darle un respiro a nuestro corazón, baja nuestra presión sistólica, lo que ayuda a combatir la hipertensión. Las personas que duernen siesta tienen mejores niveles en este sentido, según una reciente investigación científica que se publicó el mes pasado en el “Journal of Human Hypertension”. También se comprobó que modifica el perfil lipídico, que es el que tiene que ver con los padecimientos coronarios.

4. Hace que el riesgo cardiovascular sea menor. Relacionado con lo anterior, un estudio realizado en Grecia muestra que con la siesta, el riesgo de mortalidad coronaria se reduce en un 37% en las personas que siempre la toman y un 12% entre quienes lo hacen ocasionalmente. Otros estudios publicados en el International Journal of Behavioral Medicine confirman que mengua la hipertensión, los problemas cardiovasculares y las posibilidades de ictus.

5. Regula el peso para mantenerlo dentro de niveles saludables. La Universidad de Navarra publicó en Obesity Facts que dormir menos de 5 horas al día aumentaba el riesgo de obesidad, una carencia que podía suplirse a través de la siesta, actuando esta como un factor protector contra los kilos sobrantes.

6. Mejora el funcionamiento cerebral. Aunque sean solo cinco minutos, la siesta nos ayuda a refrescar nuestra mente y mejora nuestro conocimiento cognitivo casi de inmediato. Este efecto dura hasta tres horas después de despertar y nos permite rendir más, aunque los expertos indican en Progress in Brain Research que alargarla más de media hora puede provocar el efecto contrario. Estos beneficios son mayores a primera hora de la tarde.

7. Potencia el aprendizaje y la memoria. Estas capacidades se ven mejoradas con una siesta de unos 30 minutos, según un estudio difundido en Neurobiology of Learning and Memory. Si hemos estado concentrados o estudiando, aún es más recomendable para asimilar mejor los contenidos y relajarnos antes de continuar.

8. Nos vuelve más positivos y empáticos. Un trabajo publicado en la revista Cerebral Cortex sostiene que un sueño de sobremesa ayuda a mejorar nuestra empatía, que es la capacidad de evaluar las emociones de los demás. También hace que las emociones negativas sean menores al reducir nuestro nivel de estrés. Nuestro estado de ánimo, que cambia durante el día, mejora y somos más receptivos y optimistas.

9. Una hamaca es lo ideal. Es más fácil conciliar el sueño con el balanceo de una hamaca y, aunque cualquier lugar es bueno, hacerlo en una de ellas facilita la transición entre vigilia y sueño y mejora su calidad, según publicó la revista Current Biology. La estimulación asociada al movimiento hace que nuestro cerebro se sincronice y se refuercen los ritmos endógenos del sueño. Además, se prolonga la fase N2, lo que hace que dormir de esta forma sea una experiencia más reparadora.

10. Evita los lapsus. Cuando dormimos poco, nuestra concentración es más baja y los errores que cometemos aumentan. Una siesta, especialmente después de una mala noche, evita que nuestras neuronas se duerman, pues cuando esto sucede se puede ver como algunas redes neuronales se quedan en off, lo que puede llegar a ser peligroso si debemos de realizar alguna tarea que implique algún tipo de peligro o riesgo, como por ejemplo la conducción.

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