Tras el desplome de la Bolsa en China a lo largo de las tres últimas semanas, más de la mitad de las 2.800 empresas que cotizan en los índices de Shanghai y Shenzen suspendieron la cotización de sus acciones.

Esta situación, que ha afectado especialmente a las pequeñas y medianas empresas, ha puesto en alerta a los mercados de todo el mundo, que temen que ello sea síntoma del inicio de una crisis en el país asiático.

Este fenómeno empezó realmente en enero de 2014, cuando pese a algunos síntomas iniciales de ralentización de la economía china, los inversores decidieron apostar fuerte, provocando una burbuja bursátil que duró hasta el pasado 6 de junio.

Durante este tiempo, unos 90 millones de pequeños inversores sin formación entraron en las bolsas para hacerse con dinero fácil, algunos de ellos incluso se endeudaron para comprar más acciones. Con las primeras caídas se asustaron y han empezado a vender en forma masiva pendiendo mucho dinero.

El efecto contagio ha empezado a extenderse a plazas vecinas como Hong Kong y Japón, que también han empezado a bajar de forma notable. Este pinchazo ha hecho que el Shanghai Composite pierda el 32%, su peor serie en los últimos 20 años, y entre el 75% y el 90% del mercado está sin operar.

Las pérdidas han sido generalizadas, si bien los sectores más afectados han sido el de tecnología e Internet, equipos médicos, aeronáutica y transporte. Ello, pero a la existencia de un mecanismo que limita al 10% el descenso diario.

Ante esta situación, el gobierno chino ha tomado una serie de medidas que buscan aumentar la liquidez, además de prohibir la venta de títulos de compañías a los grandes accionistas, consejeros y directivos.

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Periodista trotamundos. Dejé Vinaròs para formarme en Tarragona, trabajé en Londres, me curtí como periodista en Centroamérica y ahora vine de regreso a casa.

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