Muestra del cambio de color por la presencia de GHB.

El equipo de investigación MODeLiC (Materiales Orgánicos para Detección y Liberación Controlada) dirigido por Ana María Costero, catedrática de Química Orgánica de la Universitat de València (UV), ha desarrollado un sistema con sensores colorimétricos que cambian de color ante la presencia en la bebida de ácido γ-hidroxibutírico (GHB). El GHB es un compuesto incoloro, inodoro y de sabor ligeramente salado que cuando es ingerido anula la voluntad de la persona. La investigación patentada por la UV aporta como novedad la seguridad en la detección de esta sustancia en combinados de bebidas alcohólicas y refrescos.

El GHB es una molécula sencilla y que se puede conseguir con relativa facilidad. Sus efectos duran de 3 a 6 horas y el organismo la metaboliza rápidamente, por lo que a posteriori es muy difícil demostrar su ingesta. Se utiliza como droga recreativa por sus efectos euforizantes, pero crea dependencia y produce pérdida de conciencia de la realidad, por lo que la persona que la ingiere se encuentra indefensa ante peligros como un robo o una violación. El uso ilegal de este tipo de sustancias es un problema social creciente. La Sociedad Española de Medicina de Urgencias (SEMES) estima que en aproximadamente un 20% de las agresiones sexuales intervienen estas sustancias.

El kit consistirá en un sobre de plástico, pequeño, con varios cuentagotas y recipientes con la disolución, para ser utilizado especialmente por mujeres en circunstancias en las que podrían ser inadvertidamente drogadas. Dadas las características de GHB, contaminar una bebida en un lugar de ocio es fácil, pero ser consciente de la contaminación es difícil. Con el método propuesto, la comprobación de una posible contaminación es sencilla, “más vale tirar una bebida que arriesgarse a que se aprovechen de ti de cualquier manera”, destaca la profesora Ana Costero.

Según explica la también directora del Instituto Interuniversitario de Reconocimiento Molecular y Desarrollo Tecnológico (IDM), “el objetivo principal del proyecto es poner a disposición de las personas un sistema sencillo, fiable y desechable con el que detectar cualquier intento de utilización de GHB con fines delictivos”. Por otra parte, Pablo Gaviña, investigador responsable del proyecto, comenta: “Queremos hacer un kit con el que las mujeres puedan comprobar, cuando van a centros de ocio, si en su bebida hay algo anómalo. La persona coge una gota de su bebida, la añade a la disolución y si cambia de color es que la bebida contiene GHB. Se trata de un sistema de protección personal”.

Tradicionalmente, los sistemas para detectar estas sustancias se han probado con licores y destilados, y es fácil su detección, si bien no se han testado con combinados alcohólicos y refrescos. “Cuando mezclas licores con bebidas no alcohólicas, por ejemplo, una tónica, los problemas de detección aumentan, ya que esas bebidas contienen productos que pueden dar falsos positivos o falsos negativos. Con el sensor que ha desarrollado el equipo científico de la UV, la composición de las bebidas no cambia la respuesta, por lo que es un método más seguro”, explica Silvia Rodríguez Nuévalos, investigadora predoctoral de la UV que ha trabajado en el desarrollo del proyecto.

El equipo investigador afirma que en la actualidad no hay ningún dispositivo que se pueda emplear in situ para detectar de una forma fiable y sencilla si una bebida ha sido contaminada con una sustancia de sumisión como el GHB. Hay referencias bibliográficas para la detección a posteriori de otras drogas de sumisión como la escopolamina o la ketamina, pero que no se dispone de sistemas de uso personal para la prevención.

Otra parte importante del trabajo es la relacionada con los aspectos sociales. Para conocer el grado de aceptación del kit y comprobar su efectividad contarán con un grupo de mujeres jóvenes estudiantes. El equipo de investigación ScienceFlows, que dirige Carolina Moreno, catedrática de Periodismo, garantizará que se pueda llevar a cabo la experiencia de reparto de kits y recogida de datos y posterior difusión de resultados.

La parte científica está financiada por el Ministerio de Ciencia Innovación y Universidades (proyecto Materiales inteligentes para la detección de drogas de abuso y biomarcadores RTI2018-100910-B-C42) con una financiación de 120.000 euros y una vigencia de 3 años).

Imagen anexa: (De izquierda a derecha) Margarita Parra, Salvador Gil, Silvia Rodríguez, Ana M. Costero y Pablo Gaviña.

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