Este 15 de febrero se cumplen tres años desde que un superbólido cruzara por sorpresa la atmósfera y cayera cerca de la ciudad rusa de Cheliábinsk, mientras centenares de testigos grabaron con sus cámaras el extraño fenómeno.

Desde entonces, han sido más de 200 los estudios científicos que se han escrito sobre este tema, tratando de explicar la procedencia de este visitante inesperado de 19 metros de diámetro y que provocó daños en edificios y heridas leves a unas 1.500 personas.

Carlos de la Fuente, coautor de uno de estos últimos trabajos, explica que en el último año 50 artículos han abordado el tema y que hay un catálogo de 960 vídeos desde donde se observa lo sucedido desde múltiples ángulos.

Estas imágenes han permitido determinar cual fue la trayectoria de entrada del meteoroide, que habría explotado a unos 20 kilómetros de altura y liberado una energía de 500 kilotones, 30 veces más potente que la bomba atómica de Hiroshima.

Resultado de ello, se calcula que unos 5.000 kilogramos de fragmentos tocaron tierra, incluido uno de 650 kilos que se recuperó en el lago Chebarkul. Todo ello, coincidió con el mismo día en el que se aproximaba a la tierra el asteroide Duende.

Aunque inicialmente se pensó que ambos eventos estarían relacionados, finalmente se descartó la idea al comprobar que las características de ambos objetos eran totalmente diferentes. Y es entonces cuando surgió la pregunta: ¿de dónde procede este superbólido?

De La Fuente explica que durante un tiempo “se pensó que el asteroide (86039) 1999 NC43 podría ser un buen candidato, pero tras un estudio internacional que se publicó el año pasado en Icarus ha quedado claro que tampoco puede ser, ya que no hay relación física ni química alguna entre ellos”.

En los últimos meses han surgido otras propuestas, que relacionan lo ocurrido en Cheliábinsk con el asteroide 2011 EO40. Esta posibilidad, sin embargo, aún no se ha logrado confirmar de forma contundente por una razón: hay un eslabón débil que no permite avanzar.

El eslabón débil que no permite determinar su origen

El problema a la hora de obtener la órbita del superbólido, indican los expertos, es que el valor de su velocidad de entrada en la atmósfera varía según diferentes investigaciones. Ellos mismos reconocen que, posiblemente, este dato no llegue a saberse con seguridad nunca. De esta forma, es posible que el misterio de superbólido quede sin desvelarse.

Pese a ello, en lo que sí coinciden es que se trató de un suceso muy raro, pues impactos de meteoroides con una energía similar a la del de Cheliábinsk y cerca de un área urbana tan grande, solo se producen con una frecuencia de una vez cada 10.000 años. 

En los últimos años, varios asteroides han colisionado contra nuestro planeta, como el 2008 TC3 en Sudán o el 2014 AA, que cayó sobre el océano Atlántico, pero todos ellos en zonas no habitadas y sin mayores consecuencias.

Todos estos NEO, concluye De la Fuente, parecen provenir de grupos de origen dinámico y son objetos con órbitas parecidas pero que pueden no tener relación física o química entre sí. Y es que “que dos órbitas sean similares hoy, no implica que lo hayan sido en el pasado remoto”, aclara.

Este es, precisamente, el escenario que el autor, junto con otros expertos, plantea en su último trabajo, que se publicará en marzo en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society

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