El terremoto de 7,3 grados en la escala de Richter que sacudió este domingo la montañosa frontera entre Irán e Irak, ha provocado ya la muerte a más de 400 personas, además de 7.000 heridos y cuantiosos daños materiales.

La mayoría de víctimas se han registrado en territorio iraní, donde ha sido el epicentro de este seísmo según el Instituto Geológico de Estados Unidos (USGS). Se trata, por tanto, del terremoto más mortífero en lo que va de año. Las poblaciones más afectadas han sido las de Kermanshah, Ghasr Shirin, Sarpul y Azgale.

Este martes continúan las labores de rescate y desescombro en la región, con el temor a nuevas réplicas. Desde que se produjo el terremoto, ya se han producido más de un centenar de nuevos temblores, uno de ellos de hasta 4,7 grados.

Varios edificios se han derrumbado y se han producido daños en las líneas eléctricas y en la presa de Darbandiján. Según fuentes internacionales, la sacudida llogó a sentirse también en Qatar, Turquía e Israel.

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