La consellera Rosa Pérez Garijo ha asistido a la reunión semanal del Tribunal y ha firmado en el libro de honor.

La consellera de Participación, Transparencia, Calidad Democrática y Cooperación, Rosa Pérez Garijo, y el presidente del Tribunal de las Aguas de la Vega de València, Onofre Cubells, han firmado un convenio de colaboración para contribuir a su mantenimiento, funcionamiento, divulgación y promoción durante el ejercicio 2021.

Pérez Garijo ha asistido a la reunión semanal del Tribunal y se ha mostrado «muy honrada» de firmar en el libro de honor «porque para mí esta institución ha sido muy respetuosa desde siempre porque a los que somos de l’Horta nos hacen estimar y respetar el Tribunal por lo que simboliza.

«El Tribunal de las Aguas es la prueba que tenemos del autogobierno que todavía resiste después de que perdiéramos nuestro derecho foral y que vemos como hasta 1812 con la Constitución de Cádiz se defendió el Tribunal de las Aguas», ha destacado la consellera.

La Generalitat destina un total de 70.000 euros al Tribunal de las Aguas de la Vega para realizar actividades propias de esta institución milenaria, vinculadas a su mantenimiento, funcionamiento, divulgación y promoción, además de financiar los gastos derivados de la participación de la entidad en las actividades organizadas por la Red Mundial de Museos del Agua.

Mediante este convenio, la Generalitat cumple con su compromiso de contribuir a la organización de los tribunales consuetudinarios y tradicionales, en especial del Tribunal de las Aguas de la Vega de València.

El Tribunal es un tribunal consuetudinario. Está formado por un representante de cada una de las Comunidades de Regantes que forman parte, ocho en total, denominados Síndicos, y de entre ellos uno es elegido presidente por un tiempo que normalmente es de un bienio, renovable.

Cada jueves de la semana (excepto los festivos que se anticipa al miércoles y aquellos que van desde Navidad a Reyes) se reúne en sesión publica a las 12 en punto del mediodía y posteriormente se celebra la sesión administrativa en la Casa Vestuario de la Plaza de la Virgen de Valencia para discutir diversos asuntos, principalmente la distribución del agua. Pero es a las 12 en punto del mediodía, mientras suenan las campanas del Miguelete, cuando el Tribunal se constituye formalmente en la Puerta de los Apóstoles de la Catedral de Valencia, en la misma plaza. Es entonces cuando el alguacil, con el permiso del presidente, llama a los denunciados de cada una de las acequias, con la tradicional frase: “denunciats de la sèquia de…! ”. El juicio se desarrolla de forma rápida, oral e íntegramente en valenciano. El denunciante, que puede ser el guarda o cualquier afectado, expone el caso ante el Tribunal, y después el denunciado se defiende a sí mismo y responde a las preguntas que se le formulan. Es a continuación cuando el Tribunal, con la excepción del síndico de la acequia en cuestión, para garantizar la imparcialidad, decide la culpabilidad o no del denunciado, y en caso afirmativo, es el síndico de la acequia quien impone la pena a pagar por el infractor, de acuerdo con las Ordenanzas de la propia Comunidad de Regantes. Todavía hoy en día la pena se impone en “sueldos”, tal y como se hacía en época medieval, entendiéndose actualmente por “1 sueldo”, el sueldo diario del guarda de la acequia.

Las características del Tribunal se pueden definir según el Profesor Víctor Fairén Guillén en: oralidad, concentración, rapidez y economía.2 Y el Profesor Vicente Simó Santonja pone de relieve por encima de estas características la solidaridad que rige en la organización.

Son objeto de la jurisdicción del Tribunal de las Aguas: los mismos miembros del Tribunal, las Comunidades de Regantes, los atandadores, las personas jurídicas (por ejemplo las Cámaras Agrarias), los arrendatarios, los comuneros, los concesionarios de aguas, los regantes, los propios denunciantes y terceras personas. Pueden denunciar delante del Tribunal los síndicos, los elets que forman parte de la junta de cada Comunidad, el guarda (que viene a ser como un fiscal) y terceras personas.

Su origen nos es totalmente desconocido, pese a que lo más probable es que sea una evolución, basada en tradiciones andalusíes anteriores. Algunos historiadores como José Vicente Gómez Bayarri sitúan sus orígenes en la época romana.

 

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