Para el vinarocense Agustí Gombau, no hay Navidad sin belén. Para él, esta tradición se ha convertido en una afición que practica desde hace al menos 60 años. Sus diseños y representaciones monumentales son conocidos en la localidad y muchos vecinos pasan cada diciembre por su casa para admirar sus creaciones. Todos los detalles sobre el belén que ha realizado este 2015, nos los cuenta en esta entrevista para DeVina:

¿En qué se diferencia el belén de este 2015, con respecto a los de años anteriores?

Para este año he querido hacer un belén en el que hay una parte encajonada, tipo diorama. Son las escenas del inicio y del final, en las que la gente debe asomarse para ver por un único sitio. Durante el recorrido, que guarda un orden cronológico según las historias que se narran en la Biblia, también hay una parte central que he mantenido en formato abierto. Y lo hice así porque en esta ocasión mi obsesión ha sido trabajar la profundidad, para que quienes vean una escena tengan la sensación de que esta nunca termina, porque miren desde donde miren siempre se encuentran con algo más.

¿Cuántas escenas tiene este belén y qué representa cada una?

En total son siete. La primera representa el edicto de empadronamiento, en tiempos del rey Herodes, donde he simulado una plaza de pueblo en la que los habitantes escuchan a un pregonero. Luego pasamos a la anunciación del ángel a la Madre de Dios, en una casa, y de ahí al momento en el que ella y José piden posada en Belén. Se me ocurrió hacer como un mercado, donde hablan con un alfarero para ver en qué sitio podrían pasar la noche. La escena central, la del nacimiento, es la más importante de todas y la he representado en un corral en ruinas. Continué con el anuncio de los ángeles a los pastores, la adoración de los Reyes Magos a Nuestro Señor y, por último, con la huída a Egipto.

¿Qué escena es la que más te ha gustado al ver el resultado final?

La verdad es que a mí personalmente me encanta la escena del anuncio de los ángeles a los pastores, es mi preferida. Desde hacía mucho tiempo tenía en mente mostrar las nubes con un resplandor y finalmente decidí utilizar una especie de algodón y con una luz desde abajo, he podido crear el efecto deseado. Me gusta mucho cómo ha quedado, porque es algo que no he visto en otros sitios. Ahora, si me preguntan por mi belén favorito de todos los que he hecho, siempre respondo lo mismo: es el último de todos.

¿Cuánto tiempo cuesta hacer un belén monumental como este cada año?

Es difícil hacer un cálculo exacto, pero lo que sí es seguro es que son muchas horas de dedicación. La manera de hacer el belén es algo que se piensa durante todo el año y luego, después del verano, que es cuando los nietos vuelven al colegio y tengo más tiempo, empiezo a poner en práctica las ideas que me vienen antes de dormir, en la tranquilidad de la cama. Hay días que trabajo en el belén una hora, otras diez, otras termino acostándome a las cuatro de la mañana porque quiero acabar algo y luego puedo estar una semana sin hacer nada más. Entre septiembre y octubre es cuando más suelo adelantar. Y es que no solo es montar el belén, hay que ir a buscar los materiales, preparar los escenarios, etc. Es mucho trabajo, pero es una forma de distraerse.

Mucho trabajo porque además tú mismo haces los escenarios, no los compras ya hechos, ¿verdad?

Sí. Eso es. Para crearlos me inspiro en libros con ilustraciones e incluso en cuentos de mis nietos. Hace unos años hice un belén que gustó mucho, al estilo de Blancanieves y los siete enanitos. Y es que a veces agrego detalles que a mí me gustan y que no siempre tienen que ser fieles a la realidad de la historia. Para hacer los escenarios, forro porexpán con papel de diario bañado en cola blanca y después lo pinto. Es el mismo sistema de las fallas y me resulta mucho más práctico que hacerlo de escayola. Trabajo más los primeros planos, que son los que más se ven. Y luego de un año a otro reutilizo algunas estructuras, modificándolas y dándoles nuevas formas y detalles. Muchos lo que hacen es que se las intercambian entre sí de un año a otro, pero para mí es más entretenido hacerlo de esta manera.

¿Cuál es la figura más antigua que tienes?

La más antigua de todas es la de un hombre agachado, que este año está mirando desde una terraza en la escena donde María y José piden posada. Luego hay también otras que tengo desde niño y que me acompañan en todos los belenes que hago: dos patos y un perro. Las demás son bastante más recientes. La mayoría de piezas que venden las hacen en Murcia, pero son más industriales. En Barcelona es donde hacen las figuras más caras y de escultores conocidos, porque aunque las saquen con molde, luego las retocan cuando la arcilla aún está tierna, de modo que cada pieza es única. No hay ninguna igual a otra y eso se paga.

¿A qué retos principales te enfrentas a la hora de realizar el belén?

Yo no soy partidario de utilizar fuego o agua de verdad en los belenes, por eso uno de mis principales retos es imitarlo. Que parezca que es, pero que no sea. Para ello debo ingeniármelas para lograr efectos que consigo con ayuda de luces especiales o de cristales. Ahí está la gracia para mí, en conseguir un efecto visual perfecto. Además, así evito peligros innecesarios, como que el belén se encienda por un descuido. Pero en esto cada persona tiene su punto de vista, válido y respetable.

Antes de terminar de hablar, Gombau, quien también pertenece a la asociación belenista comarcal, confiesa que muchas noches se sienta en su sillón frente al belén y se relaja observando su creación, después de meses de arduo trabajo. “La verdad es que cada día me canso más, pues lo hago casi siempre solo y son muchas horas, pero es algo que me gusta y me divierte mucho”, agrega. Después de un merecido descanso para recargar fuerzas, queda por ver con qué nuevas ideas nos sorprenderá Agustín las próximas navidades.

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