El veraneante de 59 años que este jueves falleció en la piscina de un hotel de Peñíscola, había recibido el día anterior asistencia médica por taquicardia, según indicaron fuentes cercanas a los hechos.

Concretamente, se trataba de un turista de Barcelona con problemas de diabetes, lo que podría haber ocultado los síntomas reales de un paro cardíaco, que fue confundido inicialmente con un mareo atribuído al calor.

Cuando la víctima se dispuso, poco antes de las 11.00 h. de la mañana, a bañarse en la piscina para refrescarse, fue cuando se desplomó, momento en el que fue atendido por uno de los socorristas y personal de apoyo del Gran Hotel Peñíscola, lugar donde estaba alojado.

Mientras se le brindaban los primeros auxilios, se avisó de emergencia a los servicios sanitarios. Primero acudieron otros dos socorristas apostados en la playa y, luego, una ambulancia del Servicio de Atención Médica Urgente (SAMU) y una UVI. Sin embargo, y tras casi una hora de intentos de reanimación, no se logró salvarle la vida.

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