Tenía 49 años y se llamaba Andrés Llorente. Era natural de Peñíscola, pero residía en Benicarló. Este martes hacía un buen día y sobre las dos la tarde decidó salir a tomar algo en la terraza de un bar en la plaza Isabel de Villena.

Se sentó y le pidió a la camarera una copa de vino blanco para calmar la sed, pero lo que nunca podría haberse imaginado es que esta decisión, aparentemente fuera de todo riesgo, le costaría la vida.

Una cadena de errores fatales llevaron a servirle un corrosivo lavavajillas de uso industrial, en vez de lo que él solicitó. Sin notar ningún olor extraño, tomó el primer sorbo. Inmediatamente empezó a notar una fuerte quemazón en la garganta.

Lo primero que hizo es levantarse corriendo e ir a los lavabos a beber agua. Otros clientes y el personal del local se dieron cuenta de que algo grave ocurría y llamaron al 112 para que llegara una ambulancia a atenderle.

Pocos minutos después, llegó un equipo del Servicio de Ayuda Médica Urgente (SAMU) y también se presentaron varios agentes de la Policía Local y de la Guardia Civil.

Llorente entró por su propio pie en la unidad, consciente, pero conforme pasó el tiempo fue empeorando progresivamente. Lo llevaron al centro de salud municipal, pero por la gravedad de su estado fue trasladado al Hospital Comarcal de Vinaròs.

Ya era demasiado tarde. Los médicos determinaron que las lesiones internas provocadas por esta sustancia habían causado daños mortales en su aparato digestivo. Cuando esperaba un helicóptero para ser transportado a la Sección de Toxicología del Hospital General de Castellón, Andrés dejó de respirar.

El propietario del bar fue detenido

barraconetMientras tanto, la Guardia Civil inspeccionó el bar y hablaron con los testigos y responsables del establecimiento para tratar de esclarecer lo sucedido.

Al parecer, según las primeras investigaciones, el líquido se encontraba en una garrafa, de unos cinco litros, de las que se usan habitualmente en restaurantes y hoteles. Se cree que algún trabajador del establecimiento rellenó con el producto una botella de vino, para mayor comodidad.

Este tipo de lavavajillas es muy similar en color al vino blanco y no se había cambiado la etiqueta, por lo que alguien lo confundió con la bebida y lo llevó a la nevera para que estuviera fresco. Cuando la víctima pidió la copa, una camarera se la sirvió de este recipiente sin saber de qué se trataba.

Tras estas conclusiones preliminares, todo apunta a que no hubo intencionalidad y que se trató de un accidente. Ante esta situación, las autoridades arrestaron de oficio al propietario del bar, quien podría ser acusado de homicidio por imprudencia.

Tras ser interrogado, fue puesto en libertad condicional poco después, al no apreciarse riesgo de fuga, si bien deberá seguir el proceso judicial iniciado en su contra.

¿Cómo pudo morir con un simple sorbo?

Al ser consultado acerca de este caso, Agustín Llopis, responsable del Área de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia, explicó que por sí mismo el jabón no produce una reacción excesivamente tóxica, el problema está en otros componentes que contienen estos lavavajillas, como los amoniacos o la lejía.

Estos últimos son los que le aportan el poder desengrasante al producto y hacen que su acción corrosiva sea mucho mayor. Además, el experto explica que el hecho de que estuviera en el frigorífico, hizo que el frío ocultara su olor.

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